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10 oct. 2017

Cuando las intolerancias alimientarias afectan a la toma de farmacos

La sensibilidad de la sociedad hacia las intolerancias alimentarias ha aumentado drásticamente en los últimos años, especialmente hacia la intolerancia al gluten. Son muchos los restaurantes que adaptan su menú a estos grupos, tras años de protesta para aumentar su visibilidad. Y esta demanda cada vez la encontramos más en el ámbito médico, aunque hasta ahora era bien escasa. Los pacientes hacen bien y cuestionan si pueden tomar lo que les recetamos, saben lo que son los excipientes y que algunos están vinculados a sus intolerancias. El problema no es que ellos pregunten, si no que nosotros, a veces, no sabemos qué contestarles.

Primero, debemos tener clara la diferencia entre alergia alimentaria e intolerancia alimentaria; la alergia se debe a una respuesta inmune adversa ante una sustancia, generalmente una proteína, pudiendo desembocar desde una urticaria leve a un shock anafiláctico según la gravedad de la alergia, mientras que la intolerancia es una reacción no inmune debida a una deficiencia enzimática, por lo que la sustancia en sí misma no puede ser asimilada, lo que puede generar sobre todo problemas digestivos. Y con este concepto en mente, repasaremos las principales intolerancias y si la toma de medicación puede ser un problema.

Celiaquía
Se trata de una enfermedad autoinmune que causa una inflamación crónica del intestino delgado y malabsorción alimentaria. El gluten, proteína que se encuentra en el trigo, la avena, la cebada y el centeno, activa la respuesta inmune hacia la mucosa intestinal. Aunque algunas medicaciones pueden contener almidones de trigo en su preparación, se trata de almidones altamente procesados y a dosis de máximas de 100 ppm (partes por millón). De todos modos, la presencia de gluten debe ser advertida en el prospecto y normalmente aparece acompañado de la siguiente leyenda: "Apto para celíacos. En caso de alergia al gluten (que es diferente de la celiaquía) evite tomar esta medicación.". De todos modos, hay muy pocas presentaciones farmacéuticas que incluyan gluten entre sus excipientes a día de hoy.


Intolerancia a la lactosa
La lactosa en un glúcido formado por la unión de una molécula de glucosa y otra de galactosa, que normalmente se rompe en el intestino delgado gracias a una proteína llamada lactasa. La deficiencia de esta proteína puede provocar una malabsorción de lactosa, ya que cuando el azúcar no absorbido llega al colon es fermentado por las bacterias colónicas generando gases. Las personas sin enfermedades del intestino delgado, pero con deficiencia permanente de lactasa son capaces de consumir al menos 12 g de lactosa por comida, la cantidad contenida en una taza de leche, sin experimentar ningún síntoma o solo síntomas leves. Una gran cantidad de fármacos contienen lactosa entre sus excipientes, pero que estos desencadenen síntomas después de su ingesta es algo casi anecdótico, ya que las presentaciones no exceden los 2 g de lactosa generalmente. Por este motivo, la intolerancia a la lactosa no debería ser un obstáculo para que los pacientes reciban la medicación que necesitan, salvo casos de intolerancia muy extremos.

Alergia a los cacahuetes
Hay que tener cuidado con esta alergia, porque muchos facultativos no la suelen tener en cuenta y no suele constar en la historia clínica de los pacientes. El aceite de cacahuete es un excipiente que se encuentra en algunas inyecciones intramusculares, vitaminas (como los preparados de vitamina D) y hormonas (como muchos fármacos con progesterona), y en este caso sí que son numerosos los registros de efectos adversos, ya que a pesar de tratarse de aceite refinado, normalmente sí hay trazas de proteínas del cacahuete en el producto final. Por este motivo, si hay alguien que es alérgico a este tipo de frutos secos, debería considerarse un preparado sin este excipiente.

Alergia al huevo
Una alergia bastante frecuente en niños (2%) y que, en muchos casos, remite en la edad adulta (0.1%). En este caso, el problema se encuentra en tres vacunas: la triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis), la de la fiebre amarilla y la de la gripe.

En el caso de la triple vírica no se han encontrado casos de reacciones alérgicas asociadas al huevo, ya que los cultivos de la vacuna se realizan a partir de células de embriones de pollo, no del huevo en su mismo, por lo que no se encuentran las proteínas alergénicas.

En cambio, la vacuna de la fiebre amarilla sí contiene las proteínas del huevo causantes de la reacción, por lo que los pacientes que presentan este tipo de reacciones no deberían ser expuestos. Y también podemos encontrar el mismo problema con algunas vacunas de la gripe, y digo algunas, ya que las farmacéuticas han desarrollado algunas vacunas libres de ovoalbúmina en los últimos años.




Alergia al marisco
Actualmente se han puesto de moda los preparados con glucosamina para tratar la artritis, con resultados más que dudosos, todo sea dicho. Esta sustancia no deja de ser una glucosa a la que se le añade un grupo amino, sin más, por lo que si se consume un derivado sintético no hay problema. Lo que sucede es que en algunos casos se extrae directamente del caparazón del marisco y, a pesar de que la gente que es alérgica al marisco lo es a proteínas de la carne del marisco, no del caparazón, podéis encontrar que en el etiquetado del producto aparece la advertencia.

Fuentes: 
- Wills S. Reacting to additives in medicines. Clin Pharm 2009; 358:449.
- Drugs and Therapeutics Bulletin. Medicine, excipients and dietary intolerances. BMJ 2017; 358:j3468.