28 nov 2012

¿Te puede salvar la vida toser si sufres un infarto?

Hace algunos años me llegó la noticia de que lo mejor para salvar la vida a alguien con síntomas de infarto es animarle a toser mientras se espera a que llegue la ambulancia. Según los "expertos", la acción de bombeo al toser vigorosamente podría impulsarla sangre a través del cuerpo e irrigar el cerebro hasta que llegase la ayuda necesaria. Vamos, como si se tratase de una autorreanimación cardíaca. En 2003, la noticia tuvo calado y fue difundida por algunos medios importantes y yo, que ni siquiera sabía para qué servía un bazo, me lo creí, como mucha gente, porque lo decía la prensa seria.

Esta técnica no es nada nuevo en el mundo de la cardiología; algunos trastornos del ritmo cardíaco (arritmias) son tratadas de este modo. Toser de forma vigorosa a intervalos de uno o dos segundos permite mantener una tensión arterial similar a la de un latido normal, a pesar de que por culpa de la arritmia el corazón no sea capaz de bombear la sangre de manera eficiente. El problema es que esta solución puede servirnos durante un minuto o menos; por lo que solo sería útil para ganar algo de tiempo hasta que traigan el carro de parada cardíaca si estamos en un hospital o si la arritmia es paroxística, es decir, que empieza y acaba bruscamente y es de corta duración.

No sabemos muy bien cuál es el fundamento de RCP mediante la tos; hay quien afirma que el aumento de presión en el tórax generado por los pulmones al toser potencia la expulsión de la sangre a través de la aorta hacia el resto del cuerpo (similar a lo que sucede cuando hacemos un masaje cardíaco), pero otros investigadores mantienen que la tos por si misma aumenta la presión en las arterias, sin que ello implique la movilización del flujo sanguíneo (cosa que explicaría porque se pierde el conocimiento a pesar de realizar la maniobra, ya que aunque se mantenga la presión alta, la sangre no circula y la presión de oxígeno va disminuyendo).

El problema de la susodicha noticia es dar por sentado que, si esto sirve para las arritmias, también servirá para los infartos. Recordemos que un infarto se produce porque una arteria coronaria se ha ocluido repentinamente y el corazón tiene una carencia de aporte sanguíneo que provoca que sus células vayan muriendo si no le ponemos remedio a tiempo. Si bien es cierto que este déficit de riego sanguíneo puede provocar una arritmia secundaria al infarto, que es la causa más frecuente de muerte antes de llegar al hospital en un infartado, la persona que tiene síntomas propios de un infarto no sabe si va a tener una arritmia ni cuando la va a tener, ya que el primer síntoma de estas arritmias suele ser el desvanecimiento (la arritmia no avisa, no hay los síntomas previos y claros de un mareo). Y claro, si alguien pierde la consciencia, animarle a toser es un poco absurdo... aquí lo que hace falta es un buen masaje cardíaco y un desfibrilador si puede ser. De hecho, incluso podría ser contraproducente animar a alguien que se está infartando a toser, puesto que una tos vigorosa y repetitiva implica una peor inspiración por parte de nuestros pulmones y, por lo tanto, peor oxigenación de la sangre. 

Fuentes: 
  • American Heart Association
  • Girsky MJ, Criley JM. Images in cardiovascular medicine. Cough cardiopulmonary resuscitation revisited. Circulation. 2006 Oct 10;114(15):e530-1.
  • Spencer BK. If You Have a Herat Attack, Just Cough. JACC. Cardiovascular Interventions. Volume 2, Issue 10, October 2009, Pages 1032–1033.

23 nov 2012

¡Vaya un trasplante de mierda!

Perdón por el título, pero es que es precisamente ese el tema del que hablaré hoy. Todo se remonta a una tarde de estudio en que, harta de darle vueltas al manual de cardiología del MIR, me puse a hacer zapping y apareció un capítulo de Anatomía de Grey. En mi defensa diré que no he visto nunca un capítulo de esa serie (lo juro), pero en ese momento me quedé hipnotizada mirándola; será que tengo nostalgia de no haber pisado un hospital desde marzo... El caso es que relataban la historia de una chica muy hipocondríaca que había tomado tantos antibióticos por su cuenta que había acabado con una sobreinfección por Clostridium difficile, a causa de que ella misma había fusilado a su flora intestinal a base de pastillas. Hasta aquí todo normal, supuse que le darían una tanda de metronidazol y a correr. Pero qué cara se me debió quedar cuando vi que la solución a su problema era ¡un trasplante de heces! ¿Eso se aplica en la vida real?

El trasplante fecal consiste en la aplicación de materia fecal de una persona sana, generalmente un familiar o alguien del entorno del paciente, que es diluida en agua para introducirla en el intestino mediante un enema o una colonoscopia. Este proceso permite restablecer la flora intestinal normal, que había sido eliminada por los antibióticos, y limitar el nicho biológico del C. difficile (lo que llamamos competencia entre especies) para que la infección remita. Las donaciones deben ser rigurosamente estudiadas para evitar la presencia de bacterias o parásitos nocivos y cumplir unas condiciones de higiene muy similares a las de una donación de sangre.

Esta terapia podría aplicarse a muchas otras infecciones, aunque la atención está fijada en C. difficile porque esta bacteria, que suele colonizar el intestino grueso tras la toma de antibióticos o tras pasar otras infecciones intestinales, está desarrollando tales mecanismos de defensa frente a los antibióticos disponibles que cualquier alternativa que se demuestre eficaz podría ser bien recibida por parte de la comunidad médica. De hecho, las nuevas cepas de la bacteria solo pueden ser tratadas como metronidazol o vancomicina, dos antibióticos que, de hecho, también pueden provocar la aparición de la susodicha infección, ya que al ser de amplio espectro, eliminan gran parte de la flora intestinal. Actualmente, con estos tratamientos hay un 20% de recidivas tras un primer brote y aquellos que padecen la recidiva tienen un 40% de posibilidades de hacer un tercer brote.

Los resultados de esta técnica son bastante esperanzadores y, aunque no hay muchos estudios al respecto, los presentes apuntan a una curación de hasta el 90% de los pacientes. Canadá está llevando a cabo los tres primeros ensayos clínicos, cuyos resultados nos darán la base de la evidencia científica necesaria para poder aplicar este tratamiento de forma normalizada; y la FDA (Food and Drugs Administration) ya ha recibido el primer borrador para dar el visto bueno al proyecto.

Parece que aún nos quedan muchos años para que esta terapia llegue a nuestro entorno y probablemente no se convierta en una terapia de primera línea debido a las connotaciones que tienen las heces y la invasividad del tratamiento, comparado con la comodidad de los antibióticos. De todos modos, algunos pacientes con infecciones graves y persistentes podrían ver en esta nueva alternativa una esperanza para su problema.


Fuentes: 
  • Bakken JS, Borody TJ, Brandt LJ et al. Treating Clostridium difficile infection with Fecal Microbiota Transplantation. Clin Gastroenterol & Hepatol 2011; 9(12): 1044-1049
  • Persky SE, Brandt LJ. Treatment of recurrent Clostridium-difficile-associated diarrhea by administration of donated stool directly through a colonoscope. Am J Gastroenterol 2000; 95: 3283-3285
  • McKenna M. Swapping Germs: Should Fecal Transplant Bacome Routine for Debilitating Diarrhea? Scientific American. December 2011

18 nov 2012

Tengo un mareo, ergo ¿tengo una bajada de azúcar?


Los mareos son un fenómeno muy frecuente entre la población, a pesar de que no se padezca ninguna enfermedad. Y siempre hay alguien que en ese momento se acuerda del azúcar. Quizás no le faltará razón en el caso de un diabético, ya que al administrarse la insulina de manera artificial puede que esta sea excesiva con respecto a los niveles de glucosa consumidos y en este colectivo las hipoglucemias son el pan nuestro de cada día. Pero, ¿es normal que una persona sana padezca hipoglucemias?

Lo cierto es que una persona sana no debería padecer hipoglucemias. Pensemos que, al comer, se eleva la glucosa en sangre y nuestro páncreas reacciona con un aumento en la producción de insulina, cuya función es facilitar la entrada de la glucosa en los tejidos corporales y almacenar el excedente de glucosa en forma de glucógeno tanto en el hígado como en los músculos para poder aprovecharlo durante el ayuno. A medida que pasamos horas sin comer, diferentes hormonas como el glucagón, que también es sintetizado por el páncreas, se encargan de ir liberando la glucosa almacenada. Y, por otra parte, también existe la posibilidad de sintetizar glucosa a partir de precursores no glucídicos (aminoácidos), cuando el aporte de la dieta y el glucógeno almacenado no son suficientes para suplir las necesidades. De modo que el páncreas “detecta” cambios en la concentración de glucosa y otros nutrientes en la circulación y a través de la secreción de insulina o glucagón regula el uso de estos combustibles por los distintos tejidos del organismo, consiguiendo mantener los niveles sanguíneos de glucosa en un rango de 60-110 mg/dL. Si el ayuno se prolonga lo suficiente, aparecen en escena otras hormonas con funciones similares al glucagón, como la adrenalina, la noradrenalina, el cortisol o la hormona del crecimiento, para poder sostener niveles de glucosa aceptables.

Cualquier enfermedad que afecte al páncreas o que modifique los niveles de las hormonas antes mencionadas puede acarrear la aparición de hipoglucemias, entre otros síntomas. Muchas de estas patologías son descubiertas con el test del ayuno, en el que el sujeto se somete a un ayuno durante el que se realizan determinaciones de glucosa antes de empezar la prueba y a las 12, 24, 36, 48, 60 y 72 horas. Una persona sana no debería presentar hipoglucemias con este test, ya que sus mecanismos de regulación de la glucosa funcionan correctamente.

Entonces, ¿cuáles son las causas que hacen que alguien sienta sensación de mareo o incluso le lleve a perder la consciencia? La mayoría de cuadros de síncope (pérdida súbita de consciencia de breve duración) se deben a una alteración de la tensión arterial, sobre todo en gente joven, ya sea por permanecer mucho tiempo de pie, un ambiente muy caluroso o la visión de algo desagradable. También la sensación de hambre, que no está vinculada a los niveles de glucosa, es una de las causas más frecuentes de esa sensación de cansancio y pesadez a ciertas horas de la mañana.

Sin embargo, esto que hemos explicado no es aplicable a los niños. La hipoglucemia cetósica es la causa más frecuente de hipoglucemia en los niños. Se produce en niños sanos entre 18 meses y 5 años, generalmente varones, que se encuentran en situaciones de ayuno prolongado en el contexto de enfermedades banales en las que disminuye la ingesta o por una dieta cetogénica. La etiología no es bien conocida aunque se barajan diversos trastornos, como un posible déficit de adrenalina o un defecto muscular. Se produce la remisión espontánea a los 8-9 años de edad, quizás por el aumento de la masa muscular, con lo que aumentan los sustratos endógenos y porque, según aumenta la edad, las necesidades de glucosa son menores.