13 sept 2011

Rigor mortis

El rigor mortis es uno de los términos más conocidos de la ciencia forense. Un ser humano o un animal muere y al cabo de unas horas la rigidez se apodera de sus músculos y agarrota sus articulaciones, resultando imposible cambiar su postura.

A pesar de lo que se pueda dar a entender en algunas series y películas, el rigor mortis no es un método especialmente exacto para deducir la hora de la defunción, sino que la determinación depende de muchos más factores. Hay una gran variabilidad entre individuos en la hora de inicio y la duración de la rigidez, así que generalmente se asume que el rigor empieza a las 6 horas, tarda otras 6 horas en llegar a su punto máximo, permanece así 12 horas y luego va desapareciendo progresivamente en las siguientes 12 horas.

Para entender qué sucede para que un cadáver obtenga semejante rigidez, sería necesario tener una pequeña idea de cómo trabaja el músculo de un ser vivo.

Las células musculares contienen en su interior dos proteínas básicas para su contracción: la actina y la miosina, que se organizan entre sí de una manera muy particular. La miosina forma un filamento grueso con una cabeza en cada extremo, que está rodeado de seis filamentos finos formados de actina. Además, intervienen otras proteínas que ayudan a formar la estructura de está unidad de contracción, pero que no creo que sea necesario explicar para entender lo que viene a continuación.

En reposo, la interacción entre la miosina y la actina está bloqueada. Cuando a la célula muscular le llega la orden de contraerse, aumenta la concentración de calcio en el citoplasma, que se une a las proteínas que bloquean la interacción del tándem miosina-actina. De este modo, la miosina contacta con la actina y mediante la ruptura de ATP (nuestra moneda energética) es capaz de avanzar sobre la fibra de actina, acortando el músculo. Supongo que con esta animación os quedará mucho más claro.


 
Al morir, la producción de ATP cesa, lo que conlleva dos importantes consecuencias:

  • La primera es que las bombas que regulan la concentración de calcio en el interior de la célula utilizan ATP, por lo que el calcio se difunde por el citoplasma sin control, y que haya gran cantidad de calcio hay dentro implica que la miosina y la actina pueden contactar.

  • Pero la miosina también necesita ATP para desplazarse sobre la actina, por lo que, al no poder acabar el ciclo, se queda anclada provocando la rigidez cadavérica.
Es decir, el rigor no implica una contracción muscular (puesto que para eso se necesita ATP), sino que es la fijación de la postura del cuerpo tal y como haya quedado en el momento de la muerte (siempre y cuando nadie lo haya manipulado antes del rigor). Lo que causa el declive del rigor mortis es mucho más sencillo de explicar, pues no es más que el proceso natural de descomposición de las proteínas musculares, permitiendo que el cuerpo pierda la rigidez.

9 sept 2011

Wakefield y la vacuna de la triple vírica

Llevaba unos días dándole vueltas a la idea de escribir sobre este tema, pero me encontré con esta tira en el Student BMJ que lo explica a la perfección. Es un poco larga, pero merece la pena. Gracias, señor Wakefield, por dar al movimiento antivacunación el mayor apoyo que jamas podrían haber soñado. Posiblemente, si usted no hubiera metido las narices en este asunto, hoy en día el sarampión hubiera pasado a ser una enfermedad erradicada.

Apunte: La MMR es la triple vírica (Measles, Mumps and Rubella = sarampión, paperas y rubeola)







6 sept 2011

Van Gogh y su época amarilla, ¿propia decisión o efecto secundario?

Una de las principales características de la pintura de Van Gogh es el uso reiterado del color amarillo en sus lienzos, un hecho con el que se ha especulado bastante. ¿Se trata de una elección del artista, como la época azul de Picasso, o podría estar relacionado con su historial médico?

La primera hipótesis surgió de su conocida afición a la absenta, el licor por excelencia en los entornos bohemios que solía frecuentar, que contiene tujona, un aceite relacionado químicamente con el alcanfor. Un consumo excesivo de esta sustancia podría provocar que una persona lo viera todo en halos amarillos. Sin embargo, más tarde, se comprobó que la cantidad necesaria para provocar dicho efecto serían unos 182 litros de absenta.

Retrato de Paul-Ferdinand Gauchet



La segunda hipótesis es bastante más plausible y se relaciona con una intoxicación con digital. El digital, hoy en día consumido en forma de digoxina, fue uno de los primeros fármacos usados en medicina, principalmente para combatir problemas cardíacos. Aunque ahora no es un efecto secundario muy común (ya que podemos controlar muy bien las concentraciones de digital en sangre), antiguamente no era raro que los pacientes que lo consumían se quejasen de ver halos amarillentos o de verlo todo tirando a amarillo (xantopsia). El médico de Van Gogh, el Dr. Gachet, podría haber tratado sus crisis maníaco-depresivas con digital, una práctica común en aquellos tiempos, puesto que se le atribuían propiedades sedantes y antiepilépticas. En la foto, podemos ver que el Dr. Gachet tiene un ramo de Digitalis purpurea, de donde se extrae el digital.


Muchos de los trabajos de Van Gogh tienen estas características. La noche estrellada, Terraza de café por la noche, Los girasoles, Campo de trigo con segador y sol, e incluso en los retratos que hizo de sí mismo y del Dr. Gachet la piel de ambos aparece con un malsano tono amarillento. 

Campo de trigo con segador y sol

La noche estrellada









 






Alternativamente, también se ha propuesto que los halos de su pintura fueran debidos a un glaucoma. El aumento de la presión intraocular puede provocar un edema (hinchazón) en la córnea, de manera que la luz modifica su refracción y el paciente ve halos coloreados alrededor de las fuentes de luz. Esta tercera hipótesis no goza de mucha popularidad, puesto que el glaucoma es muy raro en individuos menores de 40 años (y Van Gogh se suicidó a los 37 años).

Sea como fuere, con o sin ayuda del digital, siempre nos quedará su estilo inconfundible y que hace que sospechemos que una obra es suya, a pesar de ser la primera vez que la veamos.