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24 ago. 2012

¡Qué susto! Casi me da un infarto...

La cultura popular relaciona de manera muy directa las emociones fuertes con la posibilidad de sufrir un infarto. ¿Es esta relación verdadera o se trata de otro de esos bulos que la gente interioriza sin cuestionarse?

A simple vista podemos pensar que el hecho de que el cuerpo segregue cantidades importantes de adrenalina y otras catecolaminas ante un evento estresante puede ser motivo suficiente para dañar un corazón, especialmente uno enfermo. El ejemplo más claro lo encontramos con la angina de pecho, en el que una o más de las arterias que irrigan el corazón se encuentran parcialmente ocluidas por placas de colesterol. En reposo, el corazón recibe suficiente sangre para ir tirando (de hecho, para que el afectado tuviera síntomas en reposo, la placa tendría que ocupar más del 90% de la luz de la arteria). Ante un estrés, el corazón aumenta su frecuencia y contractilidad, hecho que requiere un extra de energía que a causa de la oclusión no se puede conseguir, de modo que la respuesta ante la falta de oxígeno es el angor (dolor de la angina), muy parecido al del infarto, pero que cede con el reposo en unos minutos.

Un caso más curioso es el síndrome de Takotsubo. Esta cardiopatía, principalmente descrita en mujeres, consiste en un debilitamiento parcial del miocardio ante un suceso estresante, como un robo, una mala noticia... (motivo por el que se le ha llamado también "Síndrome del corazón roto"). Ante esta situación, la afectada siente unos síntomas parecidos al infarto, pero cuando llega al hospital y se le realiza un cateterismo para tratar el supuesto infarto, las coronarias están bien y el único indicio que permite ver que ha pasado es el de la imagen. El corazón B muestra una contracción normal de los ventrículos, mientras que el de la señora con Takotsubo (A) no contrae la parte inferior. 

Fuente:  http://commons.wikimedia.org/wiki/File:TakoTsubo_scheme.png?uselang=es


Este síndrome se describió en Japón y algún médico con mucho imaginación pensó que la imagen se parecía a las trampas para pulpos (tako tsubo) y de ahí el nombre. Afortunadamente, esta situación suele recuperarse en unos días o semanas sin requerir tratamiento más que para la situación aguda, salvo en un 2% de los casos en que la cardiopatía se complica. ¿Por qué sucede esto? No lo sabemos a ciencia cierta, aunque todo parece indicar que se trata de nuevo de cómo afectan los altos niveles de catecolaminas a algunas personas.

Otro motivo para que un corazón se desestabilice ante estas situaciones son las arritmias (alteraciones del ritmo cardíaco), también por la cascada de catecolaminas, que pueden modificar el ritmo. Mucha gente tiene arritmias ante un susto, pero la mayoría son benignas y sin repercusión, como la taquicardia o las extrasístoles (latidos que se adelantan, como ya hablamos en su día sobre los vuelcos del corazón). No sucede lo mismo con la gente que tiene arritmias de base o vías de conducción eléctrica anómalas, y que al aumentar la frecuencia pueden alterar el ritmo, a veces de manera reversible y otras letalmente.

Por lo que respecta al infarto, debemos entender que este se produce porque en un momento dado una placa de colesterol dentro de una coronaria se rompe, desprende fragmentos que activan la coagulación y se crea un trombo que ocluye la arteria, impidiendo que se nutra una parte de la masa cardíaca y provocando la muerte más o menos extensa de células cardíacas. La rotura de una placa no se relaciona con el hecho de recibir un susto o una mala noticia. No diré que no pueda coincidir en el tiempo que una persona tenga una experiencia desagradable y a la vez una placa de ateroma se rompa, pero en principio no hay correlación.

Frikidato
  • Llamamos homicidio preterintencional a aquel en el que la muerte sucede como consecuencia de un ataque a la integridad de la persona, por ejemplo, que un sujeto intente robar a alguien y la víctima sufra alguno de los problemas que hemos descrito y fallezca, sin que el ladrón le haya causado lesiones físicas. Este delito no se castiga en España, aunque sí en muchos países de América. 

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