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27 mar. 2013

Napoleón y los locos



Me apuesto la melena a que no hay un tópico más repetido en el campo de la psiquiatría que el paciente que se cree Napoleón. Personalmente, no he visto ningún caso en los años que llevo pululando por el hospital (tampoco es que las prácticas de psiquiatría sean muy extensas), aunque sí he conocido pacientes con delirios de tipo místico (hijos de Dios, Espíritus Santos...). Así que si hay algún lector que haya observado un caso de delirio napoleónico estaré encantada de que se manifieste.


La palabra delirio viene del latín "delirare" que significa salirse del surco que, si bien en un principio se refería al surco de un arado, luego se ha adaptado a salirse de lo normal. Un delirio es cualquier alteración del contenido del pensamiento por interpretaciones falsas o distorsionadas de la realidad que no cuadran por lo culturalmente aceptable en la sociedad en que vive el individuo (la homeopatía, aunque es una idea falsa, no es un delirio...). Los delirios pueden tomar muchas formas, desde el delirio persecutorio, pasando por el delirio de celos o de Otelo, hasta el delirio de grandeza o megalomanía (ya sea porque se cree que tiene una misión especial, ha inventado algo o adopte una identidad famosa).

No podemos negar que Napoleón como emperador de Francia fue toda una celebridad, al menos todo lo famoso que se podía ser en los tiempos previos a la invasión de los medios audiovisuales modernos. A lo que se puede sumar una personalidad extravagante, tal y como lo retratan según algunos documentos de la época (personalmente, y sin entrar en detalles de si tenía problemas mentales o no, hay que reconocer que tener La Mona Lisa colgada es el lavado es cuanto menos inquietante...).

La primera referencia a este fenómeno la encontramos en 1890, cuando William James publica Los principios de la Psicología, en el que describe unas exhibiciones de hipnosis en las que los afectados afirman ser Napoleón Bonaparte. Pensemos que antes del siglo XIX no existía ni la Psicología ni la Psiquiatría como ciencias establecidas, así que estas se inician en pleno auge de Napoleón. Antes de este momento no sabemos qué personajes eran los preferidos para este tipo de delirios, así que Bonaparte sentó un referente.

En los psiquiátricos de la época se llegó a la conclusión de que los pacientes llegaban a adoptar la figura de Napoleón por medio de silogismos: Napoleón fue exiliado y encarcelado. Yo estoy encarcelado. Luego yo soy Napoleón. También resulta curioso ver como, a diferencia de lo que se observa actualmente, apenas había pacientes que se creyeran Dios, Jesucristo o el Espíritu Santo (a lo sumo enviados de Dios), posiblemente debido a que se hubiera considerado una blasfemia, y una de dos, o era algo que los propios pacientes evitaban por pudor religioso o los tratados de la época omitían esos casos por el mismo motivo.

En nuestro tiempo, el delirio napoleónico casi no se observa porque no este no es un personaje popular a día de hoy. Si persiste ese cliché es porque a nivel visual es un personaje fácil de reconocer, tanto por el sombrero como por la posición de la mano izquierda, así como lo suficientemente famoso como para que sea conocido en muchos países, de modo que es un recurso sencillo para representar un delirio megalomaníaco en el cine y en los dibujos.

Frikidato:

  • Stanley Kubrik, si bien no está muy claro que tuviera trastornos mentales, llegó a obsesionarse con rodar una película sobre la vida de Napoleón y adquirió la máscara mortuoria del emperador, que se ponía para dormir.
  • Nietzsche, afectado por un trastorno psicótico, creyó ser el emperador que venía a liberar a Europa e instaurar el reinado de la luz.


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