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12 ago. 2013

Los humanos también tenemos la piel a rayas

No solo las zebras tienen la piel a rayas, nosotros también. Son las líneas de Blaschko, y aunque en la mayoría de humanos no sean perceptibles, están ahí.

Estas líneas fueron descubiertas por el Dr. Alfred Blaschko, quien estudiando diferentes enfermedades cutáneas, se dio cuenta que en muchas de ellas se repetía el patrón de distribución dibujando unas líneas muy parecidas, independientemente de si se trataba de una enfermedad congénita o adquirida. Blacshko trazó un mapa con estas líneas, que es que se muestra debajo y en el que básicamente se observa que las líneas siguen una forma de "V" sobre la espalda y de espirales en forma de "S" sobre el pecho, estómago y laterales, y ondulaciones en la cabeza. Además nunca cruzan la línea media en el tronco pero discurren a través de ella.

  
Fuente: www.pediatricsconsultantlive.com

El mapa cutáneo de Blaschko no es una enfermedad específica ni un síntoma específico de una enfermedad, sino que representa la migración de las células cutáneas durante el periodo de formación embrionario, por lo que todos las poseemos, pero solo las expresamos en caso de enfermedad. Se ha llegado a esta conclusión puesto que no siguen ningún otro patrón, no se corresponden con nervios, ni músculos, ni vasos sanguíneos.

Solamente son visibles en caso de lesiones dermatológicas, como los trastornos de la pigmentación, erupciones cutáneas y las alteraciones cutáneas asociadas al cromosoma X. Otro ejemplo interesante son las quimeras, individuos que poseen dos líneas celulares con ADN diferente entre sí, debido a la fusión de dos embriones en fases tempranas de embarazo. En estos raros ejemplos, si los dos tipos de células epidérmicas de la quimera no tienen la misma tonalidad de piel (ya que su ADN no es idéntico) es posible ver las líneas de Blaschko sin necesidad de que exista una alteración cutánea.

Quimera

Fuentes: 
  • Bolognia JL, Orlow SJ, Glick SA. "Lines of Blaschko". Journal of the American Academy of Dermatology 31 (2):  pp. 157–190.

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