La hematofobia es el miedo irracional a la sangre, primo cercano de la belenofobia (miedo a las inyecciones y agujas) y de la traumatofobia (miedo a las heridas); estas tres fobias se recogen juntas bajo la categoría de "fobias a sangre-inyecciones-heridas" por presentar una característica que las hace únicas frente al resto de fobias, son las únicas que pueden provocar un desmayo a quien las sufre. La mayoría de las fobias aumentan la frecuencia cardíaca y tensión arterial en el momento de la exposición, mientras que la hematofobia provoca todo lo contrario, y en el 70-80% de los casos se acaba en el suelo a causa del síncope.
Esta es quizás una de las fobias más extendidas entre la población, que en mayor o menor grado, afecta a un 10% de la gente, iniciándose en la infancia o en los primeros años de la adolescencia, mayoritariamente en hombres. Generalmente se cree que la fobia a la sangre se debe a la idea inconsciente de que, al sangrar, perdemos parte de nuestra integridad corporal, así como el miedo a la transmisión de enfermedades por vía sanguínea. También es cierto que la sangre tiene un simbolismo especial en algunas culturas, por lo que tener algo de reparo a la sangre es normal e incluso podríamos llegar a pensar que es parte de nuestro instinto de supervivencia. Aún así, sorprende otra cosa respecto al resto de fobias, su marcado componente hereditario. Más del 40% de los afectados tiene familiares con una fobia similar; posiblemente lo que se hereda es el comportamiento vicario (me mareo al ver sangre porque de pequeña he visto en un familiar ese comportamiento), del mismo modo que el haber tenido una experiencia desagradable con la sangre puede marcar conductas posteriormente.
La respuesta de estas personas a la exposición de sangre tiene una respuesta bifásica:
- El sistema nervioso simpático se activa (aumento de frecuencia cardiaca y respiratoria, pupilas dilatadas, sudoración, tensión muscular), aparece una gran cantidad de pensamientos negativos y mucha ansiedad, como en el resto de fobias.
- Posteriormente, la respuesta simpática se extingue y baja la tensión y la frecuencia cardíaca, con la posibilidad de marearse y perder el conocimiento.
No sabemos a ciencia cierta por qué aquí tenemos dos fases de respuesta y en el resto de fobias, no.
- El tratamiento no difiere mucho del de otras fobias específicas, terapias conductuales, técnicas de relajación y de desensibilización sistemática son las más utilizadas. Y aunque no es muy frecuente su uso, también se pueden combatir de manera puntual con fármacos, como los beta-bloqueantes o el midodrine. No obstante, lo aconsejable es eliminar la fobia de manera definitiva con las técnicas conductuales y recurrir a los fármacos solo en ocasiones muy concretas.



