Follow by Email

18 oct. 2011

La piedra de la locura

Extracción de la piedra de la locura (Jan Sanders van Hemessen)

La locura es un tema que ha dado mucho de sí en las artes, incluso llegándose a retratar su tratamiento estrella en la Edad Media, la extracción de la piedra de la locura. En realidad, cuando se hablaba de locura, se referían a un concepto mucho más amplio, que incluía la estupidez, la malicia, la depresión, la demencia o la epilepsia. En la Edad Media, los enfermos mentales eran considerados pecadores castigados por la ira divina o poseídos por el demonio y tenían prohibida la entrada en los hospitales (que entonces eran más bien unas casas de beneficencia gobernadas por religiosos). Su única manera de sobrevivir era su exhibición en las ferias si eran de origen humilde y mediante la cirugía si eran de familia pudiente. 


Según el saber popular, estas afecciones eran causadas por una obstrucción cerebral por acúmulo de piedras en la cabeza del paciente, algo parecido a los cálculos renales que ya se operaban desde la Antigua Grecia, y los curanderos ambulantes encontraron en este mito un negocio redondo. La operación era bastante sencilla, pues en realidad solamente se hacia una pequeña incisión en la frente del paciente y generalmente no llegaban a perforar el cráneo. En un momento dado de la cirugía, el curandero escabullía una pequeña piedra dentro de la herida haciendo creer a los presentes que la había sacado del cráneo del enfermo. La piedra que se extraía acababa en la colección particular del curandero, que era exhibida como muestra de su profesionalidad.

Esto no significa que no se realizaran trepanaciones (apertura del cráneo para manipular el cerebro) en la Edad Media. Las trepanaciones ya se practicaban en la prehistoria a modo de ritos supersticiosos seguramente, y en el medievo era una práctica recomendada por los barberos cirujanos para aliviar la melancolía o tratar la epilepsia.


El Bosco, el primer anti-magufo de la historia

Extracción de la piedra de la locura (El Bosco)
Quizás no fuera el primero, pero solo hace falta echar un vistazo a esta obra suya para darse cuenta de lo que pensaba sobre esta extendida práctica.

El curandero aparece con un embudo en la cabeza (símbolo de la estupidez) en lugar del gorro que solían llevar los barberos (como en el caso del lienzo de ). Con este gesto parecía decir que los verdaderamente locos o necios eran quienes pretendían curar a los “locos”. A la pobre víctima, sentada mientras se le interviene, le sale un tulipán de la herida, en lugar de la esperada piedra, y su bolsa de dinero, colgada en el cinto, está atravesada por un puñal (la estafa). No podían pasar desapercibidos el fraile y la monja que contemplan la operación, él con un cántaro de vino en la mano y ella con un libro cerrado encima de la cabeza, con los que El Bosco, seguidor de la corrientes prerreformistas de Flandes, denuncia algunos de los pecados del clero: la opulencia, la superstición y la ignorancia.

También llama la atención el formato circular del lienzo, como si fuera un espejo, un recurso muy usado en aquella época para dar la impresión que lo que se representa no es más que un reflejo de realidad. Y todo el conjunto se encuentra enmarcado por la leyenda Meester snyt die Keye ras, myne name is Lubbert Das (Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das). Lubber Das era un personaje de la literatura popular holandesa que representa a la estupidez (algo así como sería en España decir “es más tonto que Abundio”).

Otras maneras de ver la locura

Por desgracia, los “locos” no solo fueron maltratados en la época medieval. Los babilonios cortaban el problema de raíz, recomendando la hoguera o enterrarlos vivos. Por otro lado, los musulmanes consideraban la locura como una gracia divina y los locos eran tratados como los “Santos de Dios”, por lo que se les construyeron templos especiales; aunque esta la única excepción en este sentido.

Con la llegada del Renacimiento, se acabaron los exorcismos y las cirugías. Se optó por erradicar a los locos, sacándolos de los espacios públicos, dejándolos abandonados en campo abierto o a su suerte en un barco sin timón. Y no fue hasta 1552 cuando se construyó el primer manicomio en Occidente (en Valencia).

3 comentarios:

  1. Menuda salvajada... había oído hablar del tema de la piedra, pero hasta ahora no había sabido gran cosa del tema.
    Buen post, por cierto.

    ResponderEliminar
  2. Genial!! Gran post!

    Pilar.

    ResponderEliminar